martes, 20 de diciembre de 2011

La marcha unió al país “El sacrificio se hizo en favor de los pulmones de Bolivia, que son el Tipnis”

Lo hicieron. Treparon del llano al altiplano. Se levantaron después de una paliza y con su bandera de patujú defendieron sin violencia la tierra en la que viven, que es su madre. Ese es el mérito de las mujeres y hombres que hicieron cuerpo de la marcha indígena en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), que durante 65 días, entre el 15 de agosto y el 19 de octubre, avanzó hasta La Paz para frenar el tajo de asfalto que el Gobierno propuso abrir en el parque.
Así lo entendió el boliviano de a pie, que un día después de la represión policial del 25 de septiembre, salió a las calles en ocho regiones del país para gritar su rabia contra el poder político. Así también lo entienden algunos hombres de análisis social y político a los que consultamos, quienes han ponderado la capacidad de protesta pacífica de los marchistas y el peso de sus palabras.
El mensaje: “Estamos seguros de que la gente, el pueblo de Bolivia, ha entendido que nuestro sacrificio se hizo en nombre del respeto a los derechos de los pueblos indígenas, a los derechos de la madre Tierra y a favor de los pulmones del país que están en el Tipnis, que al final de cuentas son patrimonio de todos”. Palabras de Fernando Vargas Mozúa, presidente de la subcentral del Tipnis.
El Gobierno trató de descalificar y creo un versión oficial del hecho. Acusó a los indígenas de recibir dinero de las ONG. De estar movilizados por influencia de la embajada de EEUU. De tener alianzas con la ‘derecha’. Sin embargo, las acusaciones se guardaron el 24 de octubre, cuando el presidente Evo Morales recibió en Palacio Quemado al comité de marcha y promulgó la Ley de Protección del Tipnis, después de varios días de negociación.
En opinión del sociólogo José Martínez, los marchistas del Tipnis y su causa se convirtieron en un símbolo representativo de los bolivianos por su discurso sobre defensa de derechos y por la vulnerabilidad física de su movimiento frente a los aparatos represivos del Estado.
“El pueblo boliviano siempre ha sido muy sensible y solidario con los movimientos sociales reprimidos. Además hay una nueva conciencia sobre los modelos de desarrollo del país y ya se sabe que el capitalismo, el modelo que sustenta la carretera Cochabamba-Beni, es un modelo depredador”, interpreta Martínez.
Para el sociólogo, el sacrificio de los marchistas que cruzaron más de 600 km a pie, se convirtió en un crisol que refleja a la diversa sociedad boliviana.
Carlos Hugo Molina, abogado y exprefecto de Santa Cruz, ve que el quiebre del conflicto se presentó al calor del palo y de los gases lacrimógenos. “Yucumo significó una derrota militar (...). Y en Rurrenabaque se produjo una derrota política por la acción de la población que liberó a los detenidos”, escribe Molina en sus apuntes para entender el conflicto.
El abogado subraya el valor del colectivo de la marcha indígena, de la causa común, del sacrificio de todos los que caminaron, por encima de las figuras. “Todos somos el Tipnis”, apunta en otro de sus escritos.
Desde otra vertiente de análisis, el escritor y político Ruber Carvalho, apunta una serie de lecciones cívicas y políticas enseñadas por ese puñado de 2.000 originarios sencillos de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob) y del Consejo Nacional de Ayllus y Marqas del Qullusuyu (Conamaq) que fueron recibidos como héroes en Chuquiago.
“La marcha por el Tipnis me recordó muchas cosas: El valor de la dignidad, el respeto por el otro, el derecho a la vida en libertad, y, lo que es mejor, esa gente sencilla de la marcha me dio clases de valor (…); sentí que la bandera blanca con el patujú impresa era mi bandera y que esta Bolivia, (…) pobre y desvalida, es mi país”.
Y la sabiduría popular sabe decir mejor las cosas: mientras la columna indígena, esa serpiente humana, bajaba desde La Cumbre a La Paz el 19 de octubre, la gente que abarrotaba las calles para recibir a sus héroes decía que este ingreso era tan boliviano y sentido como lo fue el día en que la selección nacional clasificó al Mundial de Fútbol de EEUU de 1994.

En detalle

Marcharon las familias
Cada una de las centrales indígenas movilizó a sus dirigentes, quienes fueron acompañados por sus esposas e hijos. Los niños sufrieron en el camino

El Gobierno insiste
La apertura del Tipnis para dar paso a la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos fue un tema de agenda del encuentro organizado por el Gobierno en Cochabamba

La historia a pie
La octava marcha indígena en defensa del Tipnis arrancó de Trinidad el 15 de agosto de este año, nutrida por 700 originarios de tierras bajas y tierras altas.
En el camino, se sentó a discutir en más de diez ocasiones con comisiones gubernamentales la posibilidad de desviar el trazo del tramo II de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos. No prosperó el diálogo, faltaron propuestas alternativas y los indígenas mantuvieron su rechazo a la apertura del camino por el corazón del Tipnis.
La vía es financiada por el Gobierno de Brasil con $us 332 millones (80%) de los $us 415 del total que cuesta la obra.
El 25 de septiembre, 500 policías reprimieron con violencia a los marchistas y los detuvieron. Un día después fueron liberados en Rurrenabaque y desde allí reanudaron caminata hacia La Paz. El 19 de octubre llegaron a la sede de Gobierno, donde tuvieron un recibimiento apoteósico de un millón de paceños. El 24 de octubre, el Gobierno promulgó la Ley de protección del Tipnis.

Las heridas abiertas
El domingo van a cumplirse tres meses de la represión de Yucumo y todavía no hay responsables. Las heridas quequedaron abiertas y aún se ven en el físico de los hombres, mujeres, niños y ancianos que recibieron un trato de prisioneros de guerra.
Rafael Quispe, mallku de Conamaq, no olvida que la Policía no respetó la niñez de su hija Ximena (12) y que usaron contra ella los mismos palos y gases con los que se redujo a los adultos. Hay un juicio, investigaciones, pero los resultados no se ven, dice Quispe. Como él, otros 150 indígenas están afectados por la violencia.
Sin embargo, este hecho terminó por fortalecer la voluntad de lucha del movimiento indígena, que todavía hoy debate con el Gobierno los alcances de la Ley del Tipnis. Los marchistas supieron levantarse de sus cenizas.

“Yucumo fue una derrota militar. Y en ‘Rurre’ hubo una derrota política”

“Sentí que la bandera con el patujú era mi bandera y que ese era mi país”


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