martes, 7 de diciembre de 2010

“No vamos a ser sus esclavos”: Cumbre Climática, en la luna

Las organizaciones sociales de Bolivia, reunidas alrededor del Pacto de Unidad, arribaron a México para exigir una drástica reducción de los gases de efecto invernadero. El balneario mexicano está blindado.

Ricardo Bajo H.

Enviado especial a Cancún

Casi 24 horas de viaje para llegar desde La Paz a la sede de la Cumbre del Cambio Climático en Cancún, México. El vuelo chárter de TAM Bolivia reposta combustible en Cobija, Pando, y luego, a mitad de trayecto, en Maracay, Venezuela. En la aduana del aeropuerto de Cancún se quedan las cebollas. Las hojas de coca capísimas pasan clandestinas. Los 90 compañeros y compañeras de los movimientos sociales (especialmente del Pacto de Unidad) ya están en México para hacer oír su palabra, para que se respete la Declaración de Tiquipaya, para que Cancún no sea un fracaso.

Llegamos al campamento de Vía Campesina, donde se celebra el Foro Alternativo Global por la Vida, la Justicia Ambiental y Social. Es la medianoche del domingo y hace rato ha pasado la hora de la cena. Pero la delegación boliviana es esperada con mimo. Junto a la cancha de béisbol (sóftbol, en realidad) hay un estrado preparado para los debates (con una capacidad para mil personas) y una pancarta, entre muchas: “Cochabamba, mucho mejor para ti y para la tierra”. Otras hablan de Chiapas, de reducción de gases contaminantes, de presos mexicanos, de luchas contra represas… Después de la cena comunitaria (arroz, pollo, tacos y frijoles), el bus arranca para el hotel.

A escasos metros del campamento de Vía Campesina (uno de los cuatro montados en la Cumbre alternativa, producto del divisionismo provocado por el Gobierno mexicano entre las diversas organizaciones ecologistas, campesinas e indígenas), un retén policial, de los muchos que la Policía Federal ha colocado durante el día y la noche por toda la ciudad, detiene el bus. “Somos movimientos sociales de Bolivia, venimos en viaje oficial a la Cumbre”, dice una cansada Leonilda Zurita.

Sube un policía federal con fusil amenazante y palabras dulces. “¿Los están tratando bien en México?”, pregunta en una extraña mezcla de educación e hipocresía. “Queremos dormir”, gritan varios desde el fondo del bus. Una hora detenidos en la carretera, con algunas sugerencias de bajar y bloquear, otros de seguir caminando (¿“qué son 18 kilómetros? Nosotros en Bolivia marchamos 900 kilómetros como si nada”, dice una beniana de San Ignacio. Supuestamente no podemos seguir sin escolta policial. La llegada del patrullero se demora más de una hora. Luego, entre la niebla aparecen tres patrullas policiales para escoltar a dos buses cargados de ‘peligrosos’ miembros de los movimientos sociales de Bolivia.

Al día siguiente, lunes, por testimonios de los dos únicos acreditados oficialmente, Gualberto Barahona y Alberto Miranda (de Conamaq y Cejis, respectivamente), vamos graficando el clima hostil en Cancún para las voces de protesta. “Los hermanos del pueblo maya nos han dicho que han recibido amenazas del Gobierno mexicano. ‘Cuidado que marchen el martes con los pueblos indígenas bolivianos, si se movilizan va a haber bala’, les han dicho. Nosotros no tenemos miedo a morir en defensa de la Pachamama, les hemos pedido que estén en pie”, dice Rodolfo Machaca, de la Csutcb.

Luego del desayuno, da un informe a los 90 recién llegados. “Cancún es ya un fracaso, los países industrializados no están tomando en cuenta lo de Tiquipaya, han puesto en la Cumbre oficial otras discusiones. Las negociaciones para reducir el cambio climático, para rebajar los gases que contaminan, han sido todo un fracaso, además no podemos llegar hasta su hotel de lujo”. Y es verdad, alcanzar el Moon Palace, a 22 kilómetros de Cancún, demora dos o tres horas entre fuertes medidas policiales. Es casi un imposible y hay que estar acreditado desde hace meses de manera oficial. El fracaso hipócrita se ha blindado detrás de una cortina de hierro, otra.

En otros foros, como el Caucus Indígena (Foro Internacional de los Pueblos Indígenas frente al Cambio Climático), la voz de Bolivia sí ya ha sido escuchada. Y han acordado sustituir el derecho a consultar por uno más firme, el derecho a consentimiento que implica diálogo y consenso entre pueblos indígenas y proyectos extractivistas en sus territorios. El respeto a los conocimientos tradicionales, los derechos de la Madre Tierra, la defensa de los derechos humanos indígenas y el rechazo al mercado del carbono surgieron también como acuerdos. “Un militante de Sudáfrica nos ha dicho que Bolivia está recibiendo plata por estos mercados de carbono, hemos desmentido y vamos a averiguar quién está mercantilizando la Pachamama, nuestros bosques”, añade Machaca, enérgico.

“¿Y qué cosa es eso del mercado de carbono?”, pregunta Eugenia Rojas, del Chapare. Toma la palabra el diputado y dirigente de la Federación de Campesinos del Chaco tarijeño Carlos Borda. “Los países ricos e industrializados quieren pagar plata por seguir contaminando, emitiendo dióxido de carbono; a cambio, para que nos callemos, van a comprar nuestras reservas forestales para que nosotros no emitamos gases, todo a través de fundaciones y ONG que controlarán este mercado ficticio.

México está apoyando este mercado, Ecuador, también; algunos pueblos indígenas…, pero a nosotros no nos van a dar mil dólares para tenernos como sus burritos, como sus esclavos para que mantengamos virgen el ecosistema, mientras ellos siguen destrozando y calentando el planeta, quieren crearnos otra vez autodependencia. Pero desde el altiplano, los valles, los llanos y el chaco les decimos, desde Cancún, una cosa: no vamos a ser sus esclavos”, dice Borda.

La estrategia nueva del Norte —ante la falta voluntad para firmar un acuerdo vinculante para reducir la emisión de gases de efecto invernadero y enfriar así el planeta— se llama mercado y se apellida carbono. Es la mercantilización de los bosques y selvas. Ante eso y el fracaso de Cancún (Durban 2011, en Sudáfrica, será la última oportunidad pues en 2012 se acaba el plazo para hacer cumplir y prorrogar el Protocolo de Kioto), hoy martes es el turno de los pueblos y todos los que no hacen oídos sordos como los gobiernos de casi todo el mundo.

Es la gran marcha que partirá hoy desde la Villa del Cambio Climático, otra de las sedes alternas a la oficial. Parte a las 10.00 y tiene autorización para llegar hasta el puente que aísla el hotel Moon Palace. Voces de la tierra para que se puedan escuchar en el Palacio de la Luna, más en la luna ciega, sorda y muda que nunca. Lejos de todo. Tan cerca de los poderosos y su vil metal, tan lejos de todos.


APUNTES

Bolivia calificó como “preocupante” el rumbo de las negociaciones en la Cumbre Climática.

El embajador de Bolivia en la ONU, Pablo Solón, exigió poner cifras a la reducción de emisiones de gases contaminantes.

Bolivia exige que los países industrializados recorten sus emisiones entre un 40 y 50 por ciento.

La cifra es esencial para reducir la temperatura del planeta Tierra en torno a 1,5 grados centígrados.

Solón dijo que el compromiso de EEUU llevaría a una subida de 4 grados centígrados.

La propuesta boliviana de crear un Tribunal Internacional de Justicia Climática fue desechada en la Cumbre Climática que reúne a alrededor de 200 países.

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