Ecologia, Medio Ambiente Bolivia

lunes, 5 de septiembre de 2011

Noel Kempff Mercado hasta su trágica muerte a manos de narcotraficantes en la meseta de Caparuch hace 25 años.

Todavía no tiene el pelo encanecido de los últimos años de su vida. Se lo ve joven y más delgado, aunque ya utilizaba sus clásicos lentes grandes. La imagen lo muestra frente a un microscopio. Probablemente analizando algunas abejas o las flores que utilizan para producir miel. Pero lo que más delata la fotografía, hasta ahora guardada en los albumes familiares, es la actitud seria y a la vez curiosa que caracterizó a Noel Kempff Mercado hasta su trágica muerte a manos de narcotraficantes en la meseta de Caparuch hace 25 años.

Fue su espíritu curioso que lo llevó a profundizar pronto en la flora y la fauna del oriente boliviano y a encarar otras investigaciones que lo convirtieron en el referente al que obligatoriamente consultaban científicos del país y del extranjero. Pero ahora que museos, parques y avenidas llevan su nombre todavía se conoce solo una parte de su legado.

Una herencia que demuestra que fue un pionero en muchos ámbitos y que merece mayor difusión.

Por ejemplo, pocos conocen que sus primeras publicaciones fueron de geología. Una de ellas está dedicada a los yacimientos de mica en San Pedro, de la provincia Ñuflo de Chávez, y otra acerca de las características geológicas de Santa Ana de Velasco.

Tiempo después (en los años 50), incursionó en la apicultura y se fue a vivir al campo. Algo bastante raro para quien había estudiado Contaduría pero nada extraño para él, que desde pequeño se interesó en los bosques y en la zona rural.

La apicultura le abrió las puertas para profundizar sus conocimientos de flora y fauna, pero lo fundamental fue que lo llevó a transitar de manera autodidacta por los caminos de la investigación científica. Una cosa vino encadenada con otra y Kempff terminó dando las cátedras de apicultura, horticultura y jardinería en la Escuela de Agronomía de la capital cruceña.

Durante siete años ayudó a formar una nueva generación de agrónomos. Muchos de ellos influirían luego en el aumento de las áreas verdes de la ciudad.

El naturalista empezó a publicar artículos acerca de sus investigaciones sobre las abejas. Desde la producción de miel hasta trabajos con especies silvestres. Cerca de una treintena de artículos dedicó a este tema durante más de dos décadas y muchas de sus pesquisas fueron publicadas en inglés, alemán, francés, ruso e incluso chino.

La semilla del explorador científico ya había germinado en él y empezó a viajar por el territorio cruceño buscando nuevas especies de flora y fauna e interesándose en la vida silvestre de todo el país. Resultado de esas indagaciones fueron libros como Ofidios de Bolivia, Flora amazónica de Bolivia y Flora apícola subtropical boliviana.

Memoria. Entrada del antiguo Jardín Botánico junto al río Piraí, al que Kempff Mercado dedicó tiempo y esfuerzo. Gracias a él también tenemos el nuevo que está sobre el camino a Cotoca

















Años después se le sumarían Aves de Bolivia, Estado actual de la Fauna amazónica boliviana y trabajos como su estudio acerca de la producción y la rentabilidad de cultivar cúrcuma en el país. Además de un ‘mapa’ de las principales especies de peces del departamento, documento que presentó en las jornadas Santa Cruz 2000 realizadas en 1986, meses antes de su muerte.

“Esos trabajos fueron pioneros, porque no había bibliografía acerca de gran parte de la fauna y flora de la región y el de aves fue el primero que se publicó en el país para conocimiento general de la sociedad y no para especialistas”, explica Arturo Moscoso, biólogo y director del Observatorio medioambiental de la Universidad Gabriel René Moreno.

En 1965 fue nombrado proyectista y director del Jardín Botánico de Santa Cruz, actividad a la que le dedicó tiempo y esfuerzo. “Allí creó un orquideario con más de 170 especies que fueron donadas por él de su colección personal”, recuerda Lorena Kempff, hija del desaparecido naturalista.

Un ejemplo de su desinterés por las cosas materiales se evidenciaba cuando destinaba el dinero de la recompensa por denuncias de tráfico de animales a obras municipales. En aquella época la persona que denunciaba un hecho como este era recompensada con el 25% de la multa al infractor. Él nunca quiso quedarse con ese dinero.

Registro. Lorena Kempff muestra algunas de las cartas y reconocimientos que dejó su padre. Sus ideas y obras están siendo recuperadas por la fundación que lleva su nombre

















Luego de la destrucción del primer jardín botánico en la riada de 1983, el investigador se dedicó a conseguir los terrenos y proyección de uno nuevo. No descansó en ese empeño y gracias a la donación que hizo Hugo Sosa de esos terrenos se pudo concretar la iniciativa y hoy la ciudad actualmente cuenta con un jardín botánico camino a Cotoca.

A él también se debe la arborización de las principales calles de la ciudad, ya que fue nombrado director de Parques y Jardines por la municipalidad y en su gestión plantó especie de tajibo, Toborochi, jacarandá y otras que han permitido a la capital cruceña tener árboles floridos todo el año.
Más conocido fue su papel en la creación y dirección del zoológico cruceño. En su tiempo fue considerado por los especialistas como uno de los mejores y más completos de fauna sudamericana.

El zoológico se convirtió en su cuartel general y era frecuente que allí recibiera a investigadores extranjeros que constantemente lo visitaban para consultarle sobre flora y fauna.

“En el acogedor desorden de su abarrotada oficina, con trampas, cráneos, pieles, innumerables libros, recipientes, útiles de pesca y otros objetos dispersos, y con su atestado escritorio por medio, entre cafés y cigarros, hablábamos durante horas de temas variopintos, entre los que siempre había lugar para la pesca, por la que tenía gran pasión”, recuerda el biólogo español José Cabot Nieves en el libro La expedición zoológica hispano-boliviana a la serranía de Caparuch, en el que relata su amistad con el naturalista cruceño y los detalles de la frustrada expedición que le costó la vida a Kempff, al guía Franklin Parada y al piloto Juan Cocahamanidis el 5 de septiembre de 1986.

El prestigio que había ganado el creador del zoológico cruceño hizo que en 1985 la Academia Nacional de Ciencias de Bolivia lo nombrara como miembro de número y que le realizarán otros reconocimientos. Pero su personalidad sencilla nunca se dejó encandilar por los galardones y halagos.



Publicaciones

Flora apícola subtropical de Bolivia .

Fue publicado en 1980, pero no ha sido reeditado

Aves de Bolivia.
Editado en 1985. Fue un libro pionero en la difusión de las aves del país para el público no especializado.

Ofidios de Bolivia.
El libro es de 1975 y fue la base para posteriores investigaciones

Contribución al conocimiento de abejas indígenas.
Artículo publicado en 1968 y traducido a otros idiomas.

Apicultura, Ciencia y técnica.
Una de sus primeras publicaciones y por mucho años referente sobre el tema.

Flora amazónica de Bolivia.
El libro fue publicado en 1980 y fue una guía importante para los especialistas.



Enfocaba más su tiempo en sus exploraciones para identificar nuevas especies o registrarlas y en especial en gestionar para la creación de los parques Amboró y Caparuch, este último hoy lleva su nombre. Según documentación que ha podido encontrar Lorena Kempff, su padre también tenía un proyecto para que el valle de Tucavaca sea nombrado área protegida. Algo que se pudo lograr muchos años después.

El legado de Noel Kempff Mercado no solo se limita a lo antes mencionado, aún queda mucho de su aporte para desempolvar y dar a conocer. Es el caso de las grabaciones de los sonidos de aves y otros animales de la selva que con su magnetófono se dedicaba a recolectar. “Se levantaba a 4:00 y a las 5:00 ya estaba dentro de la selva identificando las voces de las aves, los ruidos de los animales o mirando las huellas que ellos dejaron, cuenta el documentalista Rubén Poma, que lo acompañó en varias de sus expediciones por la geografía cruceña.

Producto de esa labor es la cinta Voces de la selva, que la Fundación que lleva el nombre del investigador piensa reditar, como también algunos de sus libros y artículos.

“A casi 25 años de su muerte vemos como se han ido consolidando sus obras e iniciativas. Su proyección no fue solo a escala local, sino también internacional.

De ahí es que sigue siendo para nosotros un referente por su aporte a la conservación de ecosistemas y la vida silvestre en el departamento de Santa Cruz”, afirma Moscoso. Noel Kempff Mercado abrió la senda para valorar la riqueza natural de la región, nuestro deber es aprender a conservarla.

Sonidos. Kempff , microfono en mano, captando los sonidos de la selva

























Javier Castroviejo

« Noel era un adelantado a su tiempo »
El biólogo español dirigía la Estación Biológica Doñana de España que llevó a cabo la expedición zoológica, hispano - boliviana a la serranía de Huanchaca, que fue donde perdió la vida trágicamente el naturalista cruceño. Castroviejo no solo ayudó a gestionar dicha expedición, sino que también conoció y entabló amistad con Noel Kempff Mercado.


- ¿Cómo fue su relación con Noel Kempff Mercado?
- Cuando llegué por primera vez a Bolivia (años 70) empecé a escuchar acerca de El Pantanal y desde La Paz nadie me daba explicaciones de qué era. Años después, cuando visité Santa Cruz me dijeron que Noel, que ya era un zoólogo de renombre, conocía bien del tema. Entonces fui a verle. Tuve el gusto de conocerle el 15 en octubre de 1984. Inmediatamente establecimos una buena comunicación, porque pensábamos igual, teníamos los mismos intereses.



Fue director de la Estación Biológica de Doñana durante más de 14 años y es uno de los biólogos españoles más prestigiosos a escala internacional. Es autor de diversos y reputados trabajos de investigación

Desde el primer momento nos compenetramos mutuamente y acordamos trabajar juntos, porque yo era director de la Estación Biológica Doñana en España. En mis siguiente visitas a Bolivia fui conversando más con él y pude darme cuenta de su buen nivel científico y su gran calidad humana. Nuestra relación fue de amistad y de respeto mutuo.


-¿El que haya sido autodidacta no fue un obstáculo para que se haya difundido más su trabajo?
-Eso no es indispensable, porque grandes científicos que no tenían formación académica realizaron grandes aportes. Por ejemplo, Ángel Cabrera, que fue un célebre mastozoólogo español y que escribió el Catálogo de los mamíferos de Sudamérica y muchísimas otras obras, era licenciado en Historia. Juan Antonio Valverde, que fundó la Estación Biológica Domina, antes de ser licenciado en Biología, escribió una obra memorable sobre las aves del desierto del Sahara.


Noel tenía una experiencia enorme de conocer el departamento, Bolivia y sobre todo a los animales y plantas. Es decir, realizó una obra científica importante y una labor de conservación destacada, además de estimular en los demás la investigación y el amor por la naturaleza en una época en la que en Bolivia no se hablaba de conservación.


-¿Qué es lo que más destacaría de su trabajo de investigación?
-Toda su obra. La propia creación del zoológico es una base para la investigación colosal de los animales de la región. De igual modo que el magnífico jardín botánico para la investigación de la flora. Además era un hombre sencillo, pero serio. Bien riguroso en sus apreciaciones científicas. De alguna forma se notaba su ascendencia alemana en su forma de ser y en todo lo que escribió.

-¿Es verdad que usted se sorprendió al encontrar un zoológico de las características del que había creado Noel Kempff?
-Sí, me sorprendí muy agradablemente. Era un zoológico organizado. Los animales estaban en excelentes condiciones; bien gestionados y que tenía especies importantes. Es decir, se notaba que la persona que estaba a cargo del lugar sabía lo que se traía entre manos. Tenía instalaciones limpias, ejemplares fantásticos que no estaban ni obesos ni delgados ni enfermos. Había creado un ambiente adecuado para cada especie.


-¿En sus conversaciones con él le comentó algo acerca de sus preocupación por la conservación del ecosistema de la región?
-Continuamente. Ya en esa época me hablaba de que teníamos que intentar, en la medida de nuestras fuerzas, evitar la destrucción de Bolivia que se veía entonces por la deforestación, los desmontes colosales que se hacían, la caza ilegal y que había que crear una red de áreas protegidas. Había zonas como el Chaco, las sabanas inundables de Beni y el Pantanal que pasaban desapercibidas para gran parte de los ciudadanos. Nadie les prestaba atención y él ya estaba preocupado por el futuro de esas zonas.


-¿Llegó a viajar con él en alguna investigación?
-Sí, fuimos aquí cerca a una zona del Chaco. Él, igual que yo, tenía un gran interés en el Chaco y pensábamos realizar una expedición a esa región, porque en aquella época era un punto de interrogación para la investigación. Por ejemplo, él ya sabía de que había guanacos en el Chaco y nosotros lo comprobamos a raíz de la muerte de él, porque a raíz de lo de Huanchaca nuestra expedición se fue al Chaco y se lo constató.


-¿Era riguroso en sus investigaciones?
-Sí, era un hombre ordenado y metódico. En investigación no se puede ser serio si no se hace notas y se es ordenado y él siempre iba apuntando las cosas. Era una persona extraordinaria de la cual no nacen muchos, porque unía a su sencillez su conocimiento, su disposición de ayudar, su capacidad de trabajo y su visión estratégica del futuro. La prueba es lo que dejó.

-¿Cómo cree que debe ser recordado?
-Como un adelantado a su tiempo. Un gran visionario de la naturaleza. Una figura de carácter internacional que es la dimensión que debería dársele.

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